22 jun 2012

Tony Sly & Joey Cape, Acoustic Volume Two

Quien me conoce sabe que mi debilidad son los cantautores. Adoro la sencillez de un tío, una guitarra y la cantidad de sentimientos que se pueden producir con sólo eso. También me encanta el punk rock, su fuerza, su frescura y sus melodías, a veces, facilonas. Y si unimos un cantautor de punk rock con una guitarra acústica...¡ya ni te digo!
Pues parece ser que, Tony Sly, vocalista de la banda No Use For A Name y Joey Cape, líder de Lagwagon, dos de las banda más influyentes del skate punk, sabían qué es lo que me gusta. Porque en el 2009 decidieron hacer un trabajo con canciones de sus bandas, versionadas por ellos mismos, en formato acústico. El disco, titulado simplemente “Acoustic”, recogía algunas de las mejores canciones de la trayectoria de ambas bandas.

Pero ahí no termina la historia, porque el par de estrellas californianas publicaron un nuevo álbum compartido (o “Split”, como llaman los anglosajones), el pasado 19 de junio. Esta vez con algunas de las no-tan-mejores canciones de la trayectoria de la banda. Y es que, la verdad, el disco deja bastante que desear.


La escucha empieza con la parte de Joey Cape, que si bien es cierto que su voz va mejorando con el tiempo, aún esta lejos de gente como Chuck Ragan, Dave Hause y Nikola Šarčević.
"I Must Be Hateful" empieza con un arpegio de guitarra llano y suave para que la voz de Cape deje antever la melodía reconocible del tema, que no llega a cuajar del todo. Sin pena ni gloria pasamos a "Know It All", que recordaba con algo más de fuerza, pero, tal vez, me falle la memoria porque lo que encontramos aquí es una canción insulsa y sin nada en especial. Es el momento de "Confession", en la que un piano pasa a ayudar a la armonía a caminar mejor y una voz hace un coro un tanto exagerado, la verdad. Vamos avanzando por la parte de Joey hasta llegar a, para mí, las únicas que se salvan. "Alison's Disease" llega a despertar algo de tristeza en el oyente. El chelo, violín o lo que sea, acompañan de forma adecuada a la melodía solemne del tema. A continuación le llega el turno a "Resolve", tema que daba nombre al último trabajo de Lagwagon. Es corta, directa y simple. Me gusta. Para terminar y despedirnos del bueno de Joey, un tema de su propia cosecha, "Broken Record", de lejos la mejor de todas. Se nota que está compuesta para ser tocada en acústico: una guitarra, una voz y tira pa' lante.

Un ligero cambio de registro nos advierte de que nos adentramos en terreno de Tony “Acordeón” Sly (pronto sabreis por qué lo de “Acordeón”). “Black Box” es el tema escogido para abrir esta segunda parte y he de reconocer que no está del todo mal, pero la verdad, siempre he sentido debilidad por esta canción. La siguiente es “Soulmate” que pierde mucha fuerza en formato acústico. Además, ¿hace falta un piano y un acordeón para esta canción? Después de poner en duda el criterio musical de Tony prosigo con mi escucha. Es el turno de Under The Garden” que casi logra dormirme. Y es que, un piano, un acordeón y una melodía triste es una mezcla peligrosa si estás conduciendo, no os lo recomiendo. Suerte que llegaría Chasing Rainbows” para animar la fiesta, no sin, claro está, otro acordeón.
Con las palabras One, Two, Three y Four arranca la penúltima pieza del disco y no es otra que la reconversión soporífera de “Pre-Medicated Murder”, un tema en el que se funden, como no, el acordeón, el piano, la guitarra y la voz de Sly para crear una especie de fórmula de alquimia contra el insomnio en estos días de crisis. El disco termina, repitiendo el patrón de la primera parte, con un tema propio de Tony Sly: "Liver Let Die". Es la canción más destacable de todas. Esta vez sin acordeón ni piano, sólo unos gritos en forma de coro, que gritan: “One more song”. Creo que yo no gritaría eso, ¡que aún se iban a animar los muy “pajaros”!

En fin, un disco que pone de manifiesto la máxima universal en la música, que muchos parecen no comprender nunca, que dice “Menos es más”.
Y es que lo mejor, os lo digo yo, amigos, es: Una guitarra, una voz y ¡tira pa' lante coño!  

Por  Ian Sánchez


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