Si me hubieran dicho hace un par de
años que The Smashing Pumpkins estaban muertos, me lo hubiese creído
sin importarme demasiado, pero después de escuchar Oceania... No
solo están vivitos y coleando sino que están dispuestos a seguir
así hasta que Billy “Zampabollos” Corgan se quede mudo o explote
(esto último es más plausible viendo como se está poniendo el
zagal).
El noveno disco de la banda
estadounidense empieza de manera jodidamente espectacular. Quasar te
explota en la cabeza, el inicio me recuerda ligeramente a Can't Stop
de Red Hot Chili Peppers pero los de Billy “Tonelete” Corgan le
meten zapatilla en menos que canta un rayo y tu te clavas en tu
butaca. Adoro la batería y los riff de guitarra al más puro estilo
Prog-Rock. Luego viene Panopticon, para “calmar” un poco el
ambiente. Siento debilidad por los compases ¾ y este tema hace que
se me ablande el corazón. Desde luego este grupo sabe como ganarme
desde su glorioso Siamese Dream. Sigue el CD con The Celestials, baja
un poquito más la intensidad y nos clava esta canción para las
masas. Ligerita, con un estribillo reconocible y un interludio
electrónico. No obstante, para que no nos olvidemos que estamos ante
una banda referente en cuanto a música alternativa y marginal, el
tema acaba con 20 segundos de molesta distorsión de guitarra (¡Ay
Billy, Billy! ¿No te pudiste contener, eh?).
Violet Rays y My Love is Winter vienen
a continuación. Aquí se percibe cierta relajación por parte del
grupo, como que van con el piloto automático, tirando de fórmula
para cascarse dos temas más. Afortunadamente el nuevo batería, Mike
Byrne, y el guitarra, Jeff Schroeder, son suficientemente buenos como
para tapar la vagancia.
Después de esto llega el que es, de
largo, el tema más bizarro del disco, One Diamond, One Heart. Para
mi gusto, esa base electrónica constante me parece de lo más chusca
y Billy “Arruina Buffets” Corgan parece que esté cantando como
si se autoparodiase. Por suerte llegamos al ecuador del CD con
Pinwheels. Y de nuevo me quito el sombrero, Billy se deja de
chuminadas y se pone a componer como dios manda. Vale que este tema
no es Today, ni 1979, pero me gusta tanto como sus míticos temas.
Una canción 100% Smashing Pumpkin pero pasada por el filtro de la
experiencia que da llevar casi un cuarto de siglo haciendo música.
Con Oceania llega la hora de ponerlo
todo. El tema que da nombre al disco, es una especie de conglomerado
de canciones, una megacanción de 9 minutos que si bien
instrumentalmente es genial, me dejó un tanto frío, por no
mencionar que acaba con un fade out. Y aquí nuestro amigo Ian
Sánchez me dijo una vez que si un tema acaba con un fade out es un
tema de mierda. Ahora bien, esta canción en concierto será de esas
que la gente acaba como loca y con toda la banda regalándose en cada
parte.
Sigue la cosa con Pale Horse, un pufo
que sirve para a) dormir a las cabras; o b) hacer que la siguiente
canción, The Chimera, parezca más buena. Lo cierto es que tanto The
Chimera como Glissandra son dos temas correctos, que dan lo que se
les pide, retomar la intensidad con la que ha empezado el álbum y yo
sigo obnubilado con el batería, gran estrella del disco.
Llega la recta final con Inkless, un
tema a la vieja usanza, muy al estilo del Siamese Dream con un
simpatiquísimo solo de guitarra a mitad de canción. Y acabamos con
Wildflower, una canción más propia de un grupo de Post-Rock y que
peca un poco de aburrida, tal vez otro tema para finiquitar el álbum
hubiese ido mejor.
En conclusión, Oceania es un buen
disco que empieza de manera brutal para dormirse a la mitad e
intentar despertar en su último tercio. La voz de Billy “Bola de
billar” Corgan es reconocible hasta para un sordo y eso le da un
plus de autenticidad al CD, para que no acabe siendo el trabajo
random de un grupo cualquiera. Aunque The Smashing Pumpkins no solo
es Billy, la banda de Chicago cuenta con unos músicos tremendamente
buenos capaces de aguantar la canción cuando a Billy “Me hago los
bocatas con bizcocho” Corgan se le va la olla. Poco a poco se han
ido conviertiendo en los Dream Theatre de la música indie, porque lo
de grunge hace mucho, pero mucho, que lo dejaron de lado.
Por Fran Vázquez

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