25 jun 2012

Gojira, L'Enfant Sauvage

Gojira es de esos grupos que o te provocan una erección o te hacen vomitar. No hay medias tintas con esos franceses locos. Y la verdad, son especiales. No es el típico grupo, con las típicas melodías, los típicos mensajes y los típicos riffs, que el metal exige. Son una especie de eruditos. Y lo demuestran habiendo escogido el nombre de una película de François Truffaut para su quinto disco: L’Enfant Sauvage. Algunos pensaréis: “¡encima de franchutes, pedantes!”. Pero no llevan pedantería alguna. Es un mensaje en toda regla sobre lo que es el disco. L’Enfant Sauvage de Truffaut narra la historia de Víctor de Aveyron, un niño de 12 años que fue encontrado en un bosque cerca de Toulouse, donde se había criado salvajemente, sin ningún tipo de contacto humano y que fue objeto de experimentos e investigaciones, despojándole de la libertad y felicidad propias del ser humano en su estado natural. De esta manera, L’Enfant Sauvage de Gojira propone una reflexión sobre lo tribal y lo tecnológico, lo antiguo y lo moderno, lo verdadero y lo falso. Es un disco de contrastes, con intros suaves rotas por una voz, a veces, enfermiza. Con canciones más instrumentales mezcladas con verdaderas explosiones de griterío y fuerza. Así que, sin más dilación, analicemos esos contrastes.   


El disco empieza de forma impactante con, ya lo dice su nombre, “Explosia”. La canción parece que diga: “Estamos aquí de nuevo. ¡Ha vuelto Gojira!”. Riffs psicópatas abriéndose paso entre los ritmos rotos de la batería y la voz de desesperación de Joe Duplantier. Después de una parte final con una guitarra rollo western llega “L’Enfant Sauvage”, con una guitarra muy a lo “New Noise” de Refused y una explosión con el doble bombo que elevan la canción a la categoría de “temazo”. 
The Axe”, corta la atmósfera que se había logrado con los dos primeros temas. Es una canción oscura, fúnebre, satánica. “Liquid Fire” prende muy rápidamente, y en cuestión de segundos te mete de lleno en el universo Gojira, donde todo puede pasar. Como, por ejemplo, escuchar frases cantadas por voces robóticas, sobre una percusión bastante tribal. Este contraste es el que da brillo a esta canción y justifica el siguiente tema, “The Wild Healer”, una pieza instrumental de corta duración, experimental, con efectos y un riff de guitarra que se repite para que te acostumbres a este interludio. 
Llegamos a la mitad del disco con “Planned Obsolence”, también con unas frases con distorsión en la voz. Como si lo recitara una máquina. Cabe destacar esa parte central de la canción, en la que el riff de guitarra y las voces distorsionadas te suspenden en el aire y la habilidad de Mario Duplantier con las baquetas te devuelve a la Tierra. El valso “Mouth Of Kala” sigue el estilo deathmetalero de Gojira a la perfección, con el doble bombo danzando con una guitarra contundente. A continuación llega la hipnotizante “The Guift Of Guilt” con una intro hermosa que es retomada al estribillo y a la parte final donde la melodía desgarrada de la voz hace que te impacte en el pecho. Pain Is A Master” es una canción que avanza en línea recta hasta el final. No hay altibajos que te hagan perder la cabeza. Las intros suaves continúan en “Born In Winter”, la “balada” del disco, un tema que va in crescendo y acaba muriendo con la suavidad que marcaba la intro. 
The Fall” es la encargada de cerrar el disco, creando una atmósfera industrial ruidosa, gris y estridente  con unos riffs de guitarra que suenan para ser recordados y una voz solemne que hace que la experiencia de haber escuchado este disco por primera vez sea fabulosa.

No hay muchas cosas más a comentar de este discazo. Los que ya conocían al grupo francés lo verán como otra pieza única en su discografía. Los nuevos, los que nunca antes habían escuchado Gojira, los que pensaban “¡encima de franchutes, pedantes!”, se habrán tragado sus palabras. 

Por Aniol Florensa


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