21 jun 2012

Architects, Daybreaker

Como es habitual en Architects, la primera canción de cada uno de sus álbumes es una declaración de intenciones, un detonante de lo que será el leitmotiv del disco y, en definitiva, del momento que vive la formación de Brighton. Esto se evidenciaba en su penúltimo trabajo The Here and Now (Century Media Records, 2011), donde el primer tema “Day in Day out” era un ejemplo de la etapa de confusión que estaba viviendo la banda. Su último trabajo, Daybreaker (Century Media Records, 2012) que salió a la venda el pasado 28 de mayo, da un giro de 180º con la idea que teníamos de Architects. Marca un antes y un después en su discografía. Atrás dejan los problemas típicos de adolescentes para encararse con una realidad más cruda y, por qué no decirlo, más adulta, con temas como la religión, las nuevas tecnologías, la sociedad del siglo XXI, el trabajo, etc., como fuente de inspiración. Ese cambio de mentalidad se expresa a la perfección en el primer tema, “The Bitter End”, donde nos muestran que lo que vamos a escuchar en el disco es un “borrón y cuenta nueva”, un empezar desde zero, un reset (como señala el primer verso: When time resets, we all become zero) para renacer con mucha más fuerza, con un fuego interior salvajemente imparable (Can you feel that fire growing?). Esta es la premisa del último disco de los británicos Architects, un renacer, un reinventarse, un evolucionar. ¿Lo habrán conseguido?


Si “The Bitter End” es la carta de presentación del lavado de cara de Architects, el siguiente tema, “Alpha Omega”, es la reafirmación de que algo ha cambiado. Jugando con una atmósfera cinematográfica, riffs estridentes y el enfado habitual de Sam Carter, la letra se mueve al son del tema de la religión y cómo ésta controla a la sociedad. El epílogo llega en forma de queja, de discurso, y cierra esa pieza de protesta anticlerical de forma relajante y preciosa. “These Colours Don’t Run” es una canción que va al grano, dura, sin prisa pero sin pausa. De una forma un tanto apocalíptica, la letra nos muestra las diferencias entre los estatus de la sociedad y el papel que juega la corrupción y la mentira en nuestro mundo. Y así llegamos al corazón del disco, a “Daybreak”, una pieza de estructura simple pero que contiene una pizca de todo. Riffs virtuosos, estribillos melódicos, partes contundentes y una parte final digna de enmarcar, con una subida de intensidad brutal y una finalización que te empuja a un abismo vacío, habiéndote dejado sin respiración. Es una de esas canciones que cuando acaban sólo puedes decir: “Uf”. 
Después de la tormenta viene la calma, y esa calma se llama “Truth, Be told”, una canción no menos dura pero si más relajante, más pausada. Como un río que te lleva al mar, Architects nos transportan al mundo de las pantallas y las nuevas tecnologías. Un mar que está embobando a la sociedad, haciendo que deje de pensar y viva dormida, sin opinión, en un espacio falso e irreal. Y la calma se vuelve a romper en “Even If You Win, You’re Still A Rat”. El título de la canción lo dice todo. Es un tema duro en el que la voz de Oli Skyes, vocalista de Bring Me The Horizon, ayuda a que el impacto de la canción sea mayor. Los instrumentos acompañan a las voces, arropándolas a crear esa sensación de una masa compacta que te golpea contra el suelo hasta el último segundo del tema. En “Outsider Heart” nos encontramos con otra colaboración única y especial, la de Drew York de Stray From The Path. La canción es muy técnica, con muchas partes diferentes, y unos instrumentos estridentes y virtuosos. El éxito y el fracaso son tratados con una violencia muy meditada y muy bien trabajada. 
El siguiente tema no es una banda sonora, es “Behind The Throne”, un tema con un ambiente muy marcado, con el piano como principal protagonista y una cadencia lenta pero con un ritmo muy enigmático. Es una canción atípica en Architects, pero muy importante en este disco de cambios. La violencia y la contundencia anteriores se dejan de banda, para, de forma solemne y mística, hablar de la sombra que nos controla y como todos somos semillas esparcidas por un mundo donde uno controla la criba. “Devil’s Island” es la muestra de que Architects se han puesto el traje de indignados y anti sistema para hablar de las revueltas de Londres de una forma un tanto poética pero acompañados de una marea instrumental contundente, feroz y, en algunas partes, un tanto triste. El penúltimo tema, “Feather of Lead” retoma la crítica a la religión mostrando las contradicciones que en ella existen. Es una canción simple, un poco hardcore, que viaja como una bala veloz y precisa de principio a fin. “Unbeliever” cierra el disco dando un mensaje esperanzador después de tanta crítica y tantas hostias. La canción se mueve lentamente, sin coger velocidad en ningún momento (sólo el momento gritón del final lleva un poco de rabia). La canción tiene cuerpo de desenlace de una película, y sólo faltaría que aparecieran los títulos de crédito.

La respuesta es: sí, lo han conseguido. Puede que el disco pierda un poco de potencia después de “Even If You Win, You’re Still a Rat”, pero es indudable que han evolucionado a un siguiente nivel. Queda muy tópico decir que han madurado, pero eso es lo que parece que han hecho. En “Daybreaker”, los británicos han hecho un gran trabajo. Cada pieza es única y ofrece un mensaje concreto, con una composición heterogénea y un nivel cualitativo enorme.


Por Aniol Florensa





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