Como es habitual en
Architects, la primera canción de cada uno de sus álbumes es una declaración de
intenciones, un detonante de lo que será el leitmotiv del disco y, en
definitiva, del momento que vive la formación de Brighton. Esto se evidenciaba
en su penúltimo trabajo The Here and Now
(Century Media Records, 2011),
donde el primer tema “Day in Day out” era un ejemplo de la etapa de confusión
que estaba viviendo la banda. Su último trabajo, Daybreaker (Century Media Records, 2012) que salió a la venda el
pasado 28 de mayo, da un giro de 180º con la idea que teníamos de Architects.
Marca un antes y un después en su discografía. Atrás dejan los problemas
típicos de adolescentes para encararse con una realidad más cruda y, por qué no
decirlo, más adulta, con temas como la religión, las nuevas tecnologías, la
sociedad del siglo XXI, el trabajo, etc., como fuente de inspiración. Ese cambio
de mentalidad se expresa a la perfección en el primer tema, “The Bitter
End”, donde nos muestran que lo que vamos a escuchar en el disco es un “borrón
y cuenta nueva”, un empezar desde zero, un reset (como señala el primer verso: When time
resets, we all become zero) para
renacer con mucha más fuerza, con un fuego interior salvajemente imparable (Can you feel that fire growing?). Esta
es la premisa del último disco de los británicos Architects, un renacer, un
reinventarse, un evolucionar. ¿Lo habrán conseguido?
Si “The Bitter End” es la carta de presentación del lavado de cara de
Architects, el siguiente tema, “Alpha
Omega”, es la reafirmación de que algo ha cambiado. Jugando con una
atmósfera cinematográfica, riffs estridentes y el enfado habitual de Sam Carter,
la letra se mueve al son del tema de la religión y cómo ésta controla a la
sociedad. El epílogo llega en forma de queja, de discurso, y cierra esa pieza
de protesta anticlerical de forma relajante y preciosa. “These Colours Don’t Run” es una canción que va al grano, dura, sin
prisa pero sin pausa. De una forma un tanto apocalíptica, la letra nos muestra
las diferencias entre los estatus de la sociedad y el papel que juega la
corrupción y la mentira en nuestro mundo. Y así llegamos al corazón del disco,
a “Daybreak”, una pieza de
estructura simple pero que contiene una pizca de todo. Riffs virtuosos,
estribillos melódicos, partes contundentes y una parte final digna de enmarcar,
con una subida de intensidad brutal y una finalización que te empuja a un
abismo vacío, habiéndote dejado sin respiración. Es una de esas canciones que
cuando acaban sólo puedes decir: “Uf”.
Después de la tormenta viene la calma, y
esa calma se llama “Truth, Be told”,
una canción no menos dura pero si más relajante, más pausada. Como un río que
te lleva al mar, Architects nos transportan al mundo de las pantallas y las
nuevas tecnologías. Un mar que está embobando a la sociedad, haciendo que deje de
pensar y viva dormida, sin opinión, en un espacio falso e irreal. Y la calma se
vuelve a romper en “Even If You Win, You’re
Still A Rat”. El título de la canción lo dice todo. Es un tema duro en el
que la voz de Oli Skyes, vocalista de Bring
Me The Horizon, ayuda a que el impacto de la canción sea mayor. Los
instrumentos acompañan a las voces, arropándolas a crear esa sensación de una
masa compacta que te golpea contra el suelo hasta el último segundo del tema. En
“Outsider Heart” nos encontramos con
otra colaboración única y especial, la de Drew York de Stray From The Path. La canción es muy técnica, con muchas partes
diferentes, y unos instrumentos estridentes y virtuosos. El éxito y el fracaso
son tratados con una violencia muy meditada y muy bien trabajada.
El siguiente
tema no es una banda sonora, es “Behind
The Throne”, un tema con un ambiente muy marcado, con el piano como
principal protagonista y una cadencia lenta pero con un ritmo muy enigmático.
Es una canción atípica en Architects, pero muy importante en este disco de
cambios. La violencia y la contundencia anteriores se dejan de banda, para, de
forma solemne y mística, hablar de la sombra que nos controla y como todos somos
semillas esparcidas por un mundo donde uno controla la criba. “Devil’s Island” es la muestra de que
Architects se han puesto el traje de indignados y anti sistema para hablar de
las revueltas de Londres de una forma un tanto poética pero acompañados de una
marea instrumental contundente, feroz y, en algunas partes, un tanto triste. El
penúltimo tema, “Feather of Lead”
retoma la crítica a la religión mostrando las contradicciones que en ella
existen. Es una canción simple, un poco hardcore, que viaja como una bala veloz
y precisa de principio a fin. “Unbeliever”
cierra el disco dando un mensaje esperanzador después de tanta crítica y tantas
hostias. La canción se mueve lentamente, sin coger velocidad en ningún momento
(sólo el momento gritón del final lleva un poco de rabia). La canción tiene
cuerpo de desenlace de una película, y sólo faltaría que aparecieran los
títulos de crédito.
La respuesta es: sí, lo han conseguido.
Puede que el disco pierda un poco de potencia después de “Even If You Win,
You’re Still a Rat”, pero es indudable que han evolucionado a un siguiente
nivel. Queda muy tópico decir que han madurado, pero eso es lo que parece que
han hecho. En “Daybreaker”, los británicos han hecho un gran trabajo. Cada
pieza es única y ofrece un mensaje concreto, con una composición heterogénea y
un nivel cualitativo enorme.
Por Aniol Florensa


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