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23 oct 2012

Placebo, B3



Después del batacazo que se pegó Placebo con el Battle for the Sun (fue una mezcla de falta de ganas y expectativas demasiado altas después de esa genialidad que es el Meds), los de Brian Molko han vuelto con un EP a modo de redención por su pequeño tropiezo. Y yo me alegro un montón. La cosa es que no sé qué narices les pasó en el 2009, me aventuro a decir que el cambio de batería les trastocó un poco y por eso el Battle for the Sun se quedó en una especie de quiero y no puedo, un disco sosainas que no te incita a una segunda escucha, fue una lástima porque Placebo llevaba una trayectoria espectacular.

Afortunadamente este EP recupera un poco lo que venían siendo años atrás, sin la fuerza del Meds o del Sleeping with Ghosts pero con el gracejo que siempre tuvieron. Recuperando ese sonido tan característico suyo (la voz de Molko hace mucho, no nos vamos a engañar) que se mueve entre esas melodías decadentes al más puro estilo Sonic Youth y el pop con toques electrónicos. B3 empieza muy bien, la intro electrónica cede rápidamente el testigo a una guitarra, bajo y batería pausadas pero con fuerza yal voz de Molko acaba de hacer el tema más pegadizo, no es Bulletproof Cupid pero está muy bien.

Sigue I Know You Wanna Stop, un tema con una batería seca y cruda y que cede el protagonismo a la guitarra y bajo durante los estribillos y bridges. Un tema que me recuerda bastante a Nirvana pero sin la mala leche de los de Seattle, claro está, éste es como más europeo. A continuación viene The Extra, una especie de medio tiempo genial, muy al estilo de las primeras canciones 'lentas' del grupo y I Know Where You Live, otra que arranca lenta pero a diferencia de la anterior esta pega el estirón al final. Tal vez sea ese estirón lo que salve el tema, porque de no hacerlo se hubiese quedado en una canción algo aguada. Afortunadamente ahí están Brian Molko y esos rifs de guitarra para salvar la papeleta. Acaba el EP con Time is Money, una canción de 7 minutos y cuarto, carne de cañón para los futuros conciertos (yo la veo en acústico, no sé vosotros) y con una letra que a un servidor le ha encantado. Tal vez le quitaba los coros del final, pero eso son neuras mías.

En definitva, me alegra ver que Placebo no ha tirado la toalla, que vale, que puede que el disco no tenga toda la chicha que pudiera tener, pero personalmente yo lo he disfrutado como un enano y, más allá de ello, voy a ponerme el Black Market Music, y después el Sleeping With Ghosts y cuando acabe, remataré con el Meds, porque si algo ha hecho este EP ha sido recordarme que siempre han estado ahí, ahora solo falta esperar su regreso por todo lo alto, puede que el B3 haya sido el toque de aviso.

Por Fran Vázquez

18 sept 2012

Band of Horses, Mirage Rock




Band of Horses es una de esas bandas que me gustan y no sé por qué, supongo que es por la temblorosa voz de Ben Birdwell o sus melodías agridulces, pero igualmente no sabría dar un motivo concreto. Así como tampoco podría englobarlos en un estilo definido. ¿Qué tocáis? Supongo que indie rock, pero tenéis ese ramalazo de folk sureño (¿Existe el folk sureño? Es igual, me sirve como ejemplo). El caso es que la banda venía de sacar su mejor disco (a mi parecer), Infinite Arms, allá por el 2010. Un discazo como la copa de un pino, unos coros brutales, unas melodías preciosas, su mejor obra. Ahora nos llega el Mirage Rock, un álbum un poco más contenido, creo. Ben y los suyos tiran de fórmula, de lo que les funcionó antaño pero lo diluyen un poco demasiado, el disco es más poppy, joder! No hay un Laredo, no hay un Factory, no escucharemos un Northwest Apartament y ni de coña oíremos un The Funeral, solo oíremos aproximaciones a lo que causaban esas canciones, falta esa garra aterciopelada con la que nos abrieron suavemente en canal años atrás.

Y como seguramente tendré un ejército de fans acercándose a mi casa para quemarme en una hoguera diré, en mi defensa, que el disco tampoco es tan malo, es reguleras. Afortunadamente, Band of Horses son suficientemente buenos como para sonar competentes incluso cuando van con el piloto automático. Así pues, después de superar la tediosa Knock Knock, podemos deleitarnos con How to live y Slow cruel hands of time, ésta última nada del otro mundo si no fuera por la prodigiosa voz de Birdwell y los supercoros que nos clavan.

Luego llegan A little biblical y Shout-In tourist y uno se pregunta qué coño hacen esas canciones ahí, dos temas U2, como me gusta llamar a esas canciones lentas, que no arrancan jamás y que parece que duren el doble de lo que duran. Desde aquí dar las gracias a Bono y su crew por dejarse la bolsa escrotal en casa el día que se propusieron crear un nuevo estilo de música. Gracias a dios, BoH no son los irlandeses y como recompensa -o para redimirse por lo que acaban de grabar- nos brindan Dumpster World, el mejor tema del disco que me recuerda vagamente a Pink Floyd (Comfortably Numb y eso).

La mitad hacia abajo del CD apunta a lo que viene siendo hasta ahora, una especie de combinación de temas sin mucho intríngulis, sin demasiada alma, con alguna que otra canción interesante. El caso de Electric Music, un tema del que te pasas los 3 minutos y medio que dura esperando un arranque, una subida de intensidad, pero no. Sigue Everything's gonna be undone que parece una canción de broma -me imagino a Ben Birdwell y a Creighton Barrett partiéndose el culo de la risa en el estudio- y Feud, que no sé si será por contraste pero tiene su gracejo, aunque quedará la duda de ¿era necesario cantar tan agudo?

Pero alto ahí porque La banda de los caballos nos reserva dos perlitas, Long Vows y Heartbreak on the 101. Dos temas que se salen un poco del estilo (por contar con otra voz) pero que de verdad consiguen sobresalir en ese mar de 'psché' que ha sido todo el álbum.

En definitiva, un disco flojillo, una especie de sucesión de aceleraciones y frenadas en seco que no te hacen acabar despegar. Si obstante, un fallo no puede servir para destrozar la carrera de un grupo que ha demostrado tener talento a raudales. No seré yo quien reniegue de estos estadounidenses solo por un disco flojo. Ahora bien, espero que en el próximo disco nos la vuelvan a cascar dura y no sea solo un 'espejismo de rock'.

Por Fran Vázquez