Sólo me puedo quitar el sombrero. No hay ninguna otra
reacción con lo que han acabado de parir Parkway
Drive. Su cuarto disco, Atlas,
me ha superado. Quizás ha sido porque iba con las expectativas bastante bajas,
lo reconozco. Pero no sería la primera vez que espero durante meses (en algunos
casos, años), como un niño pequeño, la salida al mercado de lo que se prevé
como un discazo, y después de escucharlo quiero extirpar ese recuerdo de mi
cerebro. Por este motivo estaba bastante escéptico con Atlas, pero Parkway
Drive ha extirpado el recuerdo de fails de otros grupos y me han regalado el
precioso recuerdo de escuchar Atlas por primera vez.
El disco es impecable. Con una ejecución perfecta y un equilibrio
brillante. Nada sobra y nada falta. Los temas son Parkway Drive en estado puro
y en algunos casos se han atrevido con sonidos nuevos. Es el caso de temazos
como The Slow Surrender, donde las
pinzeladas de un Dj convierten el tema en una pieza diferente y magnífica
dentro del disco. Atlas arranca con Sparks
un tema introductorio calmado pero contundente que viene a decir “aaaay con lo
que viene…¡te vas a cagar!”. Y te cagas, joder si te cagas. Old Ghost / New Regrets ya son Parkway
total. Doble bombo bien colocado, virtuosismo en las guitarras pero sin pasarse
de la ralla y la garganta de Winston emitiendo esa voz tan característica y
impecable. El inicio de Dream Run recuerda
al de “Sleepwalker” de su anterior disco “Deep Blue”. La fuerza llegando poco a
poco, como una ola, para acabar destrozando las rocas. A destacar el estribillo
de este tema, precioso y contundente a la vez. Arte. Wild Eyes incorpora unos coros brutales, que junto a la melodía
principal de la guitarra hacen que Wild Eyes sea una pieza única. Dark Days es el colapso estridente, la
estampida, antes de otro temazo, The
River. Empieza la canción y dices “huele a crema pura” y es lo que es.
Junto a Atlas, The River, es EL
tema. Aquellas canciones que funcionan como columnas de todo el disco. Y
Parkway sabe cómo tratarlas con cariño y amor, dándoles un sonido diferente y
colocándolas en lugares estratégicos. Este es uno de los dones de los
australianos, saben cómo ordenar las canciones para que, cuando piensas que los
temazos se han acabado y ahora vienen los descartes, te sorprenden con otra
pieza única que te reactiva y hace que nunca te aburras de sus discos. Swing, Sleight of Hand y Snake Oil
and Holy Water son tres canciones al más puro estilo Parkway. Demoledoras,
eléctricas. Un torrente de sonido talentoso. Blue and The Grey pone fin a la gran experiencia que ha sido
escuchar Atlas, acabando de forma tranquila, con el griterío, pero muy calmada,
alejándose y desapareciendo pero habiendo dejado su huella.
Atlas es un discazo como una catedral. Nada repetitivo, todo
nuevo. Parkway siguen petando la escena metalera mundial y no es para menos. Lo
hacen con un talento brutal y, sobretodo, con una simpatía abrumadora. Sólo así
te ganas a la gente. Con carisma, talento y humildad. Y Parkway Drive lo sabe.
por Aniol Florensa


No hay comentarios:
Publicar un comentario