Entre tanta review y tanto movimiento,
desde que abrimos, los heebs no hemos parado de escuchar buena
música, asistir a buenos conciertos y trabajar sin destajo (risas,
es broma), a veces se nos pasan pequeñas joyitas, perlitas de
genialidad musical que, sepultadas por el aluvión de noticias,
discos y peticiones de los millones y millones de fans que tenemos
por todo el Universo, pasan inadvertidas hasta que se calma la lluvia
de bragas y sujetadores que recibimos a diario y podemos darles
segundas escuchas a trabajos como el que hoy comentamos.
Memphis May Fire es un grupo de
Metalcore al estilo de Architects o Attack Attack! que conocí por
casualidad cuando un día, en un rampell de locura, me bajé la B.S.O
de una de las 8000 películas de Saw. El caso es que de entre toda la
broza me llamó la atención Ghost in the Mirror de un grupo del que
no había oído hablar en mi pagana vida, Memphis May Fire. Total, me
bajé un EP y allí empezó nuestra historia de amor, aquella maqueta
era todo chicha, temazo tras temazo. En 2011 sacaron The Hollow, su
segundo trabajo de estudio. Este disco me acabó de confirmar que
estaba escuchando a una banda con proyecciones de ser una de las
grandes (si no se mata nadie por el camino). Vaya discazo, nada
sobra, nada falta, desde su inicio con ese torpedo que es The Sinner,
pasando por The Victim hasta acabar con la genial The Redeemed. Una obra de
arte de un género tan trillado como el Metalcore.
Pues bien, un año después, MMF volvió
a la carga y ¿sabéis qué? Lo volvieron a hacer. Como quien no
quiere la cosa, los de Texas -que han sufrido más cambios en su
formación que el gobierno- se cascaron un discazo como la copa de un
pino. Puede que no supere a The Hollow pero como poco lo iguala y
eso, perdónenme ustedes damas y caballeros, no es moco de pavo.
Challenger (un verdadero desafío)
empieza con una verdadera declaración de intenciones, Without Walls,
que acaba con un “justo cuando pensabas que nos conformamos con una
situación, derrumbamos el muro”, después de esto nada puede ir
mal. Alive in Lights nos pone en situación, este pepino de canción
nos muestra los puntos fuertes de la banda, esa combinación
deliciosa del scream más gutural del Death Metal con los estribillos
más melódicos del Pop. Me recuerda a los mejores momentos de Escape
the Fate pero sin el retén de “vigila que no se asusten las
niñas”. Prove me Right y Red in Tooth and Claw siguen la estela de
fuerza dejada por el inicio del disco hasta llegar a mi tema favorito
del álbum, Vices, un obús de canción, desde el primer segundo
entra en tu cabeza arrollando con todo (nada que envidiar a los
mejores temas de Parkway Drive o All That Remains) y de repente,
BANG! ese estribillo irrumpe en escena, con dos cojones nos clavan
algo que podría cantar Britney Spears en su último hit.
Seguidamente viene Legacy manteniendo la potencia y la lenta del
disco Miles Away, con la colaboración de Kellin Quinn, cantante de
Sleeping With Sirens. Después de la balada toca volver a la chicha,
Jezebel nos pega con todo lo gordo y Losing Sight se apoya en el
ex-cantante de Asking Alexandria, Danny Worsnop, para ponernos a todos
tiesos. El disco ya está finiquitado cuando entra en escena
Generation-Hate, último tema antes de cerrar con Vessels, canción
instrumental que sirve para despedir este Challenger a modo de tema
de videojuego cuando te lo pasas y salen los créditos.
Y ya está. Pues muy bien por los
Memphis ¿no? ¿Le ponemos 5 monchetas verdes? Yo se las pongo porque
ciertamente me ha parecido un señor disco, lo cierto es que tiene su
miga hacer Metalcore, al ser un género con tanta oferta (y a veces
tan mala) es fácil caer en saco roto y pasar desapercibido pero para
eso estamos los Heebs, para poner donde toca a estos grupos.
Por Fran Vázquez

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